Quiero dedicar esta entrada a unas de las personas más importantes de mi vida.
Mi yaya Isabel.
Quiero darte las gracias por todo lo que me has enseñado, por lo que me has aguantado tanto siendo pequeña cuando me ibas a buscar a la guardería, y luego cuando venia del colegio y nos pasábamos tardes enteras juntas en tu casa, tú cosiendo y yo haciendo mis deberes y viendo la tele.
Me encantaban los bizcochos que me hacías y tus guisos. Siempre estabas ahí para cuando necesitaba un remiendo en mi ropa, o me hacías los bajos de los pantalones y que este año pasado aprendí gracias a tu ayuda ya que tus manos estaban delicadas para seguir cosiendo.
Perdóname si a veces estaba ocupada y no podía ir a verte todo lo que hubiera querido, pero sabes que todos los días hablábamos por teléfono.
Has sido una mujer muy luchadora, desde que se murió el yayo cuando yo solo tenía 4 añitos, y luego superaste 2 cáncer de pecho y 2 operaciones de rodillas. Fuiste muy fuerte hasta el final. Y con esta ultima enfermedad, este maldito cáncer de esófago, te agarraste a la vida con fuerza y superaste todo el tratamiento que te habían puesto los médicos de quimio y radio, con tus achuchones… y estabas bien la semana pasada... contenta. Decías que pronto te irías para casa porque al igual que te habían curado los cáncer de pecho pues también te iban a curar este que para el caso era lo mismo decías, no?
El martes fue tu cumpleaños y justo habías recaído como otras veces te había pasado. Hacías 80 años. Recuerdo que un mes antes me encargaste que reservara una mesa en un restaurante porque nos ibas a llevar a todos a comer para celebrarlo... Pero el martes té dije... tu no te preocupes que cuando estés buena lo celebraremos y te haré un bizcocho de los míos como tu me los hacías a mi. Y de repente empeorase y el jueves por la noche te fuiste.
En los últimos minutos decías que veías al yayo… ¿Será verdad que existe un mundo a parte y que nos están esperando nuestros seres queridos que ya no están y que en nuestros últimos minutos de vida vienen a buscarnos para cruzar esa luz? Nosé... pero seguro que debes estar en algún sitio, y sé que estés donde estés te acordaras de tu nieta, que hizo todo lo que pudo por ti para que fueras feliz.
Aiss yaya de mi alma, es muy grande el desconsuelo que tengo y la pena que me embriaga por dentro. A veces tengo la necesidad de coger el teléfono o ir a verte pero sé que ahora no puedo.
Tú siempre me ponías velitas cuando tenía un examen, o tenia alguna enfermedad y me decías que me daría suerte. Hoy te tengo puesta yo una velita por ti, por tu recuerdo.
Me da mucha pena que no vayas a conocer a los hijos que tenga. Pero les hablaré de ti y les contaré lo magnífica yaya que fuiste conmigo y con mi familia. Siempre pendiente de todos.
Ayer dormías plácidamente. Se te veía tan tranquila con tu sonrisa. Té puse una estampita que te había regalado de la Virgen de la Cabeza, ella te guiará en tu viaje hacia una vida eterna y seguro que llena de paz y de armonía.
Estate tranquila; los papas, los tíos, los primos, tus nietos, bisnietos, tus hermanos, mi marido y yo estaremos todos bien.
Te quiero mucho mi yayita del alma. ¡Siempre estarás en mi corazón!
Tu nieta